lunes 21 de diciembre de 2009

ROCK EN EL RÍO

Texto y fotos: Pablo Morante




Rock del bueno en la orilla del Manzanares, en La Riviera, donde el río hace un meandro hacia el estadio del Atlético de Madrid. Era una cita inexcusable cuando el otoño declinaba hacia el invierno, con un frío de los de toda la vida, la mejor coartada para los negacionistas del cambio climático. El jueves se cernía sobre Madrid la caspa de los peores taxistas de Europa. El viernes se declaraba en Cataluña la guerra a la fiesta de los toros. Y el sábado ganaba el BarÇa la copa del mundo. En medio de tanta gresca, tocaban cuatro bandas de rock and roll a la orilla del río: Supersubmarina, Sidecars, Sidonie y Quique González.

Quique, el gran Quique González, salía al escenario pocos minutos después de que el Barcelona ganara la copa del mundo. La Riviera estaba reventando. Un ala del público quería encender el fuego eterno. Y gritaba “Oé, oé, oé, oé…”, buscando un guiño del cantautor contra el equipo azulgrana”. Pero Quique hizo oídos sordos. Y atacó por sorpresa, como atacan los grandes en las ocasiones que lo merecen: “A pesar de todo, hay que felicitar al Barcelona”, dijo. Y cantó “El Campeón”, entre silbidos de gloria y barro.

Antes había cantado “Cuando estés en vena”, “Me agarraste” y muy probablemente “Arma precisa”. Luego llegó el himno, “Pequeño rock and roll”, con 2.500 dedos apuntando al escenario. Y en ascenso, hacia el delirio, siguieron “Deslumbrado”, “Salitre”, “Nadie podrá con nosotros”, “Su día libre”, “Vidas cruzadas”, “La luna debajo del brazo” y “Miss camiseta mojada”. Una noche mágica, directa al rock and roll, con una nueva banda que pone lo suyo para favorecer su vuelta a los orígenes. Ahí estaba el gran Jacob Reguilón al contrabajo, el genial Toni Jurado a la batería, el polivalente David Soler a la guitarra alternada con el pedal steel, y el discreto Julián Maeso al hammond. Pero, sobre todo, ahí estaba Quique González, gustándose, gustando y metiendo el mejor rock and roll en su nueva gira Daiquiri Blues. Y Madrid, a sus pies. Como no podía ser de otra manera.

LA BOLSA Y EL BOLSILLO

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Estábamos en La Riviera, ¿no?. Ocurre que la emoción nubla a veces la vista de la realidad. Y la primera vista era un humillante cacheo a la entrada de la sala. El alcalde de Madrid pone muy alto el listón de la edad para asistir a los conciertos. Pero no se ocupa de velar por la dignidad de los ciudadanos ante los excesos de la seguridad privada. ¿He dicho seguridad?. Rectifico. “Si quieres, te digo dónde llevo el arma…”, espetaba Javi Moreno al tipo que le cacheaba sin remilgos. No era una cuestión de seguridad. La seguridad era sólo una excusa para hurgar en el intestino de los asistentes, en busca de una petaca de alcohol que hiciera competencia al negocio de las cinco barras repartidas por la sala. Todo por la pasta.

Esto ocurría el sábado, el penúltimo día del otoño bajo la égida del cambio climático. Pero el jueves estábamos en otra onda. Muy de mañana, los taxistas habían paralizado Madrid con una huelga salvaje. Y los toros eran devueltos por los catalanes al corral del resto de España. “¿Es que van a quemar también a Picasso, a Goya y a Ortega…?”, replicaban los taurinos más civilizados. Porque de todo hay. Por un lado, quienes la emprenden contra España. Y por otro, quienes la emprenden contra Cataluña. En este caso, también los toros se habían convertido en arma arrojadiza.




Pues resulta que en este ambiente llegaba a Madrid la banda Sidonie, procedente de Barcelona. El club azulgrana no había ganado todavía la copa del mundo. Pero se había celebrado el simulacro de referéndum de autodeterminación. Los músicos catalanes ya había visitado Madrid en otro ambiente similar. Esta vez a la inversa, cuando un bando de españoles declaró el boicot a los productos catalanes. Curiosamente en vísperas de navidad, con el cava montado como arma de fuego. Ya por aquel entonces, el cantante de Sidonie despejaba cualquier duda: “La gente del rock and roll no está en esa onda”. Y era verdad.

Ni entonces ni ahora dio el público de La Riviera una nota fuera de tono. Todo lo contrario. Los músicos catalanes dictaron una lección de rock sobre el escenario. Y una sala abarrotada se rindió a sus pies. Lo que comenzó con “Viernes” y “La sombra”, fue tomando altura en “Sin querer”, “El loco que inventó el amor”, “A la vera del mar”… “Ahora vamos a tocar una habanera”, advirtió Marc Ros. Y Comenzó “Por ti”, mezclando magistralmente los acordes estonianos con la cadencia de los sones de Cuba. Luego llegó el fuego, “El incendio”, con la penúltima puesta en escena del histriónico Jess Senra y la voz del cantante cada vez más crecida. Da la impresión de que Sidonie se lo empieza a creer. Y la banda transmite su seguridad con un vuelco decidido hacia el rock and roll.


DESABROCHADA

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Los madrileños Sidecars cerraban gira en La Riviera. Y lo hicieron con un rock potente, deslenguado, sincero de los pies a la cabeza. Ya es hora de que empiecen a creérselo. Porque la banda está ya lo suficientemente rodada como para resultar creíble. Estos chicos tienen todo lo necesario para poner su nombre en la lista de espera de los que van a triunfar. No ya en las radio - fórmulas, no ya en el ranking discográfico, ni siquiera en el recreo hormonal de los colegios. Pero sí en las citas del directo, donde los músicos dan la medida exacta de su honestidad.

Sidecars exprimió su repertorio en La Riviera con un ritmo frenético, encadenando las canciones sin respiro. Todas conocidas, todas coreadas, todas celebradas por un público que superaba en varios años la edad “grouppie”. Incluso un tema que no fue incluido en el disco, “Piso 16”, elevó el ambiente hasta la cima del rock and roll. ¡Caña, caña, caña…!, para todos los públicos, sin distingo de los que acudieron por una u otra banda.

Y una sorpresa. Mediado el concierto saltó una canción de su próximo disco, un tema descarado que tiene trazas de convertirse en el primer single. Su nombre es “Desabrochada”, puro rock and roll. Dice así: “Las cremalleras de los dos, desabrochadas. Vacío mi cargador… y tú das patadas”. Sin duda, la letra lo merece. Un próximo disco que producirá Miguel Conejo Torres (Pereza) y que saldrá a la venta hacia la primera semana de marzo. “A quién me recuerda este chico…”, siguen diciendo las malas lenguas de Juancho Conejo Torres, el cantante de Sidecars. Pues en lo musical, a Ronaldos, a Burning, tal vez a Tequila… Y en lo personal, a sus propios genes. Todo en orden, ¿no?.


El grupo Supersubmarina entró en La Riviera de puntillas y estuvo a punto de salir a hombros. Tocaron los primeros de la terna, todavía con media entrada. Pero fueron convenciendo al público a medida que avanzaba su actuación. “¿De dónde vienen estos chavales?”, se oía, sin ningún tono de desprecio. “De Jaén”, dijo alguien. Y para mayor concreción, de Baeza, donde el renacimiento imprime carácter.

Lo cierto es que la banda apunta algo más que buenas maneras. Y sus canciones no pasan inadvertidas a la primera escucha, con temas destacados como “Ola de calor” o “Ciento cero”. Sus influencias parten de Los Planetas y llegan a Franz Ferdinand como uno de sus referentes más precisos. Los chicos de Baeza aprenden rápido. Su acento no es otro que el lenguaje del rock and roll.

Casi me olvido. Quique González se quedó sin fotos en esta crónica porque un gorila secuestró mi preciada cámara reflex, una Nikon 300D con objetivo Tamron 17 – 50 mm (f 2,8). Al final del concierto, cuando me fue devuelta mi divinidad, no pude evitar un comentario cómplice: “Perdónalos, que no saben lo que se hacen…”.




miércoles 16 de diciembre de 2009

SABINA Y LA COMEDIA BÁRBARA

Pablo Morante

Hacía frío, mucho frío, en las inmediaciones del madrileño Palacio de los Deportes. No parecía una noche de Sabina. Pero lo era. De la sierra bajaba el viento más castizo de Madrid, ése “que mata a un cristiano y no apaga un candil”. ¿Dónde están las castañeras?. ¿Y los mendigos?. Por aquí llega uno, con la salmodia bien aprendida: “Algo para beber, que duermo al raso”. Pero las manos ateridas encontraban una buena excusa para no salir de los bolsillos.

Algo para beber, que duermo al raso”, repetía el desdichado. Y la noche sabinera repartía los personajes en la cola como si se tratara de una comedia bárbara. Allí podía verse a un trasunto del Señor de Montenegro y del segundón Cara de Plata y de la descarada Pichona la Bisbisera. Gentes de toda condición y toda laya, mezclados sin otro norte que un acorde o un poema para llevarse a la boca. El propio mendigo era un remedo del Ciego de Gondar, en su trajín pedigüeño a lo largo de una cola de vaho y bocanadas de humo.

A esa hora, Joaquín Sabina trataba de controlar su miedo escénico. “Si alguien cree que el miedo a Madrid se pierde con los años, está equivocado”, diría, nada más saltar al escenario. Otro personaje de Valle Inclán acababa de entrar en la escena, el propio Sabina, de negro riguroso, con levita y sombrero borsalino. Era el trovador, el vendedor de sueños. “Yo me bajo en Atocha”, cantó con guiños de complicidad. Y la comedia bárbara seguía cundiendo en el ambiente. “Sombreros, sombreros de Sabina…”, gritaban algunos vendedores, agitando los borsalinos en la feria de las vanidades. “Bastones, bastones de Sabina…,”pregonaban otros. Al fondo del escenario aparecía Madrid, visto desde una azotea, con imágenes de la aurora, del mediodía, del ocaso.

El propio cantautor ya había avisado unos días antes. “habrá un poquito de rock and roll, pero que nadie espere verme dando saltos todo el tiempo”. Y el concierto empezó tranquilo, con el micrófono en la mano, sin guitarra, a veces paseando y a veces sentado. Así durante varias canciones, no sé cuántas, hasta que emprendió un viaje emocionado hacia Chavela Vargas “por el boulevard de los sueños rotos”. De repente, el público reconoció a su gran Sabina. Y como no podía ser de otra manera, se lo hizo saber poniéndose de pie.

Sabina se encuentra a gusto con sus músicos de siempre, con Pancho Varona, con Antonio García de Diego, con Marita Barros…. Ellos le dan cuerda cuando se siente falto de resuello. Saben lo que quiere, lo que necesita. Y el concierto de anoche en Madrid dejó claras las razones de esta simbiosis. El ambiente de una farola iluminada en la calle sirvió para introducir “Una canción para Magdalena”, con Marita de mujer fatal, luciendo medias de rejilla y una minifalda que dejaba ver, insinuante, un liguero bermellón. Luego reivindicó a otro de sus amigos, Benjamín Prado. Esta vez para explicar el cocktail de felicidad y tristeza que les llevó a la ciudad de Praga en busca de creatividad. De allí salió su nuevo disco “Vinagre y Rosas”, del que extrajo algunas de las mejores canciones de la noche.


LUCES DE BOHEMIA



Dos de ellas llevan el sello de dos chicos “que son lo que yo quería ser cuando era joven. Ellos traen el aire turbio de la calle”, dijo Sabina para presentar a Rubén y Leiva como artistas invitados. Los Pereza mezclaron ese aire turbio con un aire nuevo. Y envolvieron a Sabina de rock and roll, coreando “Tiramisú de Limón” y “Embustera”. Alguien dijo que estos chicos habían salvado el concierto. Pero no era verdad.

Praga, la dulce Praga. “Si hay que pisar cristales, que sean de bohemia”, un verso del mejor Sabina para una de las mejores canciones de “vinagre y rosas” que el artista quiso destacar en su directo. Y en la misma clave de complicidad aparecieron “Viudita de Clicquot” y “Parte meteorológico”. Pero no fueron las canciones de su nuevo disco lo que levantó al público de sus asientos, sino sus clásicos “Peces de ciudad”, “Sobran los motivos”, “Calle melancolía”, “Y nos dieron las diez” o “Princesa”. El público pedía más Sabina. Y Sabina se lo volvía con una vuelta a sus orígenes.

Un nuevo guiño al rock and roll abrochó el concierto con “Pirata cojo” y “Pastillas para no soñar”. Dos horas de directo con canciones para todos los gustos. La comedia bárbara estaba a punto de concluir. Por la calle aparecían encendidas las luces de bohemia. Y al fondo de la escena, en una plaza recoleta, se estiraban las sombras apresuradas de cientos de figurantes con sombrero borsalino. El Ciego de Gondar seguía repitiendo su bárbara salmodia: “Algo para beber, que duermo al raso…”.

viernes 11 de diciembre de 2009

A UN PALMO DE PEREZA

Como un remedo de sus orígenes, PEREZA actuó en una pequeña sala de Sevilla con entrada libre y sin previo aviso. Una escueta nota de agencia bastó para llenar la sala. No más de cien afortunados pudieron comprobar que en un garito sabe mejor el rock'n'roll.

Texto y fotos: Galia Bóveda





Mucho tiempo ha pasado desde los conciertos anónimos de PEREZA en la madrileña sala Siroco. Y muchos son los éxitos que han llegado a base de trabajo y esfuerzo. Sin embargo, parece que Pereza se resiste a abandonar sus orígenes. Son chicos de barrio, de guitarra al hombro y de garitos llenados gota a gota. Quizás la gloria se escriba en un estadio abarrotado de público. Pero es en los pequeños garitos donde está escrita la hoja de ruta del rock´n´roll.


Como cualquier grupo emergente, el dúo madrileño llegó a Sevilla sin saber lo que le depararía la noche. La sala Fun Club acogería un show con el sello de los primeros Pereza. Un concierto eléctrico, que en principio iba a ser acústico, juntó a la banda al completo en un reducido escenario. Porque la sorpresa era doble. De un lado, los músicos se arriesgaban a tocar ante media docena de personas, como una recreación en toda regla de las noches más crudas del Siroco. Y el público, por otra parte, no acababa de ver muy claro que aquello fuera cierto.


A media tarde, una desastrosa prueba de sonido obligaba a retirar casi una tercera parte del repertorio. Y una de las vecinas del barrio, visiblemente mosqueada, preguntaba al portero: "¿quién toca hoy?", chillando con desprecio. "Pereza, señora, Pereza.", respondía el portero. "Pues le dices a ése…, quien sea, que como monte mucho barullo pienso llamar a la policía".


El anonimato estaba logrado. A pesar de estar en Sevilla, todo parecía indicar que Pereza no había salido de los garitos de Malasaña. Todo, excepto la expectación que se mascaba a las puertas de la sala. Un pequeño barullo de cien privilegiados ya se estaba creyendo que podía ver a los genuinos Pereza a un palmo de sus ojos.



Pocos minutos después de la hora prevista, los madrileños salieron del camerino y se abrieron paso entre el público. Los chicos habían dejado en casa el sonido country del banjo, las camisas a cuadros y el comportamiento sosegado. Leiva dio la señal. Y las guitarras hablaron por sí solas, más eléctricas que nunca. Por una noche, Pereza volvía al rock’n’roll de los viejos tiempos.


Hace mucho tiempo, vinimos a Sevilla, a tocar en esta misma sala. No nos conocía ni dios y esto estaba vacío. Da gusto que, diez años después, lo hayamos conseguido.”, recordó Leiva. “Pero eso no quita para que seáis unos cabrones, por no haber estado aquí aquel día”, dijo entre risas. El músico llevaba razón. Nadie les ha regalado nada. Nadie les dijo que fuera fácil. Por eso se entregan en cada concierto, sea cual sea el escenario. Y por eso deleitaron anoche a unos pocos afortunados, con un show para el recuerdo.


Un problema técnico les obligó a despedirse antes de lo previsto. “Muchas gracias. Nos vamos.”, gritaron a ritmo de “Grupis”, ya con los micrófonos fuera de funcionamiento. Y desaparecieron como por ensalmo, dejando guiños de sorpresa en una noche de rock’n’roll.


lunes 7 de diciembre de 2009

QUIQUE, DIRECTO AL ROCK'N'ROLL.

Quique González vuelve a los escenarios casi nueve meses después de su último directo en España. Y lo hace con “Daiquiri Tour”, una gira en la que el cantautor ha puesto el rock’n’roll por delante del blues.

Texto y fotos: Galia Bóveda.



Sevilla acogía el regreso de Quique González. Se trataba de su Daiquiri blues en la noche del sábado. A la hora prevista, el madrileño salió de entre las sombras. Vestía pantalón y camisa negra, con americana de terciopelo a juego. Sonrió, hizo un guiño a la banda y arrancó la gira. Comenzaba el show. Y lo hacía con los acordes del tema que da título a su último disco, “Daiquiri Blues”. Era “un cóctel de gloria y barro” para abrir boca. Sin mediar palabra, dio paso a “Cuando estés en vena”, uno de los temas más coreados por sus seguidores. El músico no tuvo duda de que la apoteosis no había hecho más que empezar.

Quique respiraba tranquilo. “Buenas noches, amigos. Gracias por estar aquí.”, dijo escuetamente. Y pasó a recuperar temas de antiguos trabajos, como la aclamada “Avería y redención”, en la que siempre se echan de menos los agudos de Leiva (Pereza), y “Me agarraste”, muy conocida por la colaboración de Jorge Drexler. “Hasta que todo te encaje” impregnó el ambiente de melancolía, acompañada del acertado hammond de Julián Maeso (ex teclista de The Sunday Drivers).

El resto de artistas del panorama deberían tomar nota. Y es que si algo caracteriza a Quique González es que sólo se rodea de grandes músicos. La banda del madrileño se renueva a cada gira, conservando en el escenario a clásicos como Jacob Reguilón, recuperando a grandes como Toni Jurado e incorporando a profesionales como David Soler a la guitarra y a un imprescindible pedal steel.

La chulería de “Pájaros mojados” y el desgarro de “Kamikazes enamorados” nos devolvieron al Quique de antaño, mucho más maduro y con una voz muy mejorada. Con la que “nunca será nuestra canción favorita”, llegó el momento más gangsteril de la noche. “Arma precisa” era la encargada de preceder a un tema que ya se ha convertido en himno, “Pequeño rock’n’roll”. La canción desató a los asistentes, dejando a Quique en silencio para deleitarse con un guiño a “Paloma”, cantada sólo por sus fieles. Llegaba entonces el ecuador del concierto con los temas “Deslumbrado” y “Hay partida”, en la que es imposible no recordar el virtuosismo de su antiguo guitarrista, Javi Pedreira.


DIRECTO AL CORAZÓN


Fue entonces cuando la banda al completo abandonó el escenario, dejando a Quique solo con su guitarra. “Lo voy a derribar” y “De haberlo sabido” conseguían el clima intimista en el que el músico mejor se desenvuelve. Las canciones en crudo, tan sólo arropadas por los acordes de su acústica, propiciaron un ambiente algo denso, sólo apto para los extremadamente fieles. El músico asumió el alto riesgo de la soledad en el escenario. Pero la frontera es difusa entre el intimismo y la monotonía. Y el cantautor consiguió salir airoso, sin que sirva de precedente.

Con los músicos ya en la escena, Quique hizo un sentido homenaje a su amigo César Pop, teclista de Pereza. “Este concierto se lo dedico a mi amigo, a mi hermano, a una persona sin la que no habría sido posible este disco: César Pop." Y comenzó los acordes de un tema compuesto por ambos, a golpe de piano y de ron. Era el bolero fronterizo “Riesgo y altura”, directo al corazón. Luego vino la inquietante “Nadie podrá con nosotros”, seguida sin pausa por “Bajo la lluvia” y “El campeón”.

La entrega de los asistentes alcanzó la cima a ritmo de “Salitre”. El público coreaba con ganas, hasta el punto de superar la voz del propio cantante. Con “Suave es la noche” y “Restos de stock”, tema que originalmente había sido compuesto para Miguel Ríos, Quique González rescató el rock’n’roll. El músico se aleja de la densidad y de la ofuscación de las letras de “Avería y Redención”. Abandona los coqueteos con los experimentos para públicos minoritarios y recupera la sobriedad de sus primeros álbumes. A pesar de presentar un disco con claras influencias de blues y country, el rock’n’roll constituyó el eje de su directo. Con gran acierto, recobró el carácter de sus comienzos. Y despojándose de cualquier complejo, se entregó al mejor de sus estilos. Volvía el Quique más rockero.

Quique y su banda se despidieron con una reverencia al público, pero los asistentes sabían que no había llegado la hora de decir adiós. Aún quedaba algo sobre “los conserjes de noche”. Y Quique apareció solo de nuevo, con el único amparo de su armónica y su guitarra. Esta vez, arrancando las palmas de los asistentes como acompañamiento. “Anoche estuvo aquí” siguió la línea intimista, tan sólo perturbada por los coros de los seguidores de las primeras filas. Entre aplausos, volvió a salir la banda para acompañar a Quique en una sorprendente versión country de “Vidas cruzadas”. Y, como segunda despedida, “Miss Camiseta Mojada” en una interpretación muy similar a la de “Ajuste de cuentas”.

El público pedía más. Todos sabían que faltaba una canción muy especial, “Su día libre”, inspirada en una de tantas musas ocasionales. Con “La luna debajo del brazo”, su primer single, tuvo una dedicatoria a todos los que surcan las carreteras para asistir a sus conciertos. Y el frenesí de los asistentes andaluces se desató con aquello de “caminando hacia el Puerto de Santamaría…” En último lugar, “Hotel Los Ángeles” en su versión más rockera. “Tarareando un hit de la Supermellow band”, Quique ponía el punto final a una gran noche de música. Todos sabíamos que era un guiño a los orígenes. Su vuelta inevitable al rock’nroll.






viernes 4 de diciembre de 2009

GRATIS TOTAL.



Texto: Pablo Morante

La industria discográfica acaba de salir a la calle con un mensaje bien medido: “la música es cultura; la música es empleo”. Y lo ha hecho ante el ministerio de Industria, un terreno hostil para todo aquello que no sea telefonía, automovilismo o grandes empresas de bienes de equipo. Sin duda, no se podía elegir mejor sitio para provocar en el estamento donde las empresas telefónicas ejercen su más inconfesable corporativismo como sindicato vertical.


El sector de la música ha cerrado filas en un acto dramático, cabalmente orquestado, donde la presencia de algunas caras conocidas estaba respaldada por un manifiesto con más de 2.000 firmas. El documento insta al gobierno para que regule por ley un sector donde cunde el caos, la desinformación y el bandidaje. La urgencia inexcusable de la industria discográfica era poner freno a la competencia desleal de las descargas gratuitas “p2p” (servicio de intercambio de archivos). Y el primer acto ha sido una petición de amparo.

Si la música es cultura, parece claro que los poderes públicos deben favorecer su desarrollo en un marco legal. Y si la música es empleo, la industria discográfica debe hacer el primer esfuerzo de competitividad para ganar posiciones en el mercado. Pero es evidente que no lo ha hecho. El futuro le ha pasado por encima, sin que haya sabido dar una respuesta empresarial al desapego de sus clientes tradicionales. Ahora sale a la calle en busca de amparo. Pero tal vez sea ya demasiado tarde.

“La música se muere en cinco años”, dice Loquillo. Y el ministro de Industria pone cara de palo, como si la cosa no fuera con él. Mientras tanto, los foros digitales van dejando un rastro obsceno de insultos a los músicos, al gobierno, a las discográficas y a todo aquel que se interponga en el libre ejercicio de la piratería. El “gratis total” se ha instalado en la red como un derecho conquistado por los internautas, a despecho de cualquier medida cautelar sobre la propiedad intelectual y los derechos de autor. ¿Qué derechos puede tener una gente que aparece a ojos de los internautas como parásitos y vagos de oficio?. ¿Quién está dispuesto a apoyar una campaña lanzada por unos tipos de vida muelle, que no trabajan y viven de las rentas?.

Son muchos más los que reivindican el “gratis total” que los que exigen un marco legal para frenar el bandidaje en la red. Y esto, traducido a votos, es la previsible respuesta del gobierno a las reivindicaciones de los músicos. Sin ir más lejos, el presidente Zapatero acaba de desautorizar a la ministra de Cultura por incluir una mínima protección a los derechos de autor en el proyecto de Ley de Economía Sostenible. En la red, el internauta es el rey. Y como tal hay que tratarlo. El presidente acaba de dar vía libre a la piratería hasta las próximas elecciones generales.

Nadie duda de que el gobierno no va a mover un dedo para proteger los derechos de autor. No le resulta rentable desde el punto de vista electoral. Y nadie ajeno al sector de la música va a propalar la verdad desnuda sobre las descargas gratuitas de internet: en un mercado moderno sólo hay dos actores, el que vende y el que compra. Si introducimos un tercer actor, -el que adquiere sin pagar-, su perfil no puede ser otro que el de ladrón. Quienes se descargan música “gratis total”, deben saber que están robando.

¿Y qué hacen los músicos, mientras tanto?,. Me refiero a los músicos que componen, a los que tocan, a los que cantan, a los que se ganan la vida de cara al público. Pues, en su mayoría, están dando una respuesta adecuada a los tiempos que corren. Rebajan su caché, eligen espacios reducidos, repiten conciertos y se fajan en el directo como la mejor fórmula para buscar la complicidad de los amantes de la música. Ellos trabajan, ellos sufren la crisis, ellos se anticipan, ellos dan muchas de las posibles respuestas a una nueva situación sobrevenida. Y siguen componiendo con entusiasmo para el futuro, como si nada estuviera ocurriendo.

Los músicos actuales tienen en internet su gloria y su verdugo. El inmenso espacio que los publicita como héroes a escala planetaria es el mismo espacio que los desprecia como trabajadores en el mercado moderno. La sociedad virtual se afianza en su impostada hegemonía del poder. Y la clase política no parece capacitada para dar una respuesta precisa a esta nueva realidad.

martes 1 de diciembre de 2009

Magia en el Circo.

Texto y fotos: Galia Bóveda.

Dos conciertos consecutivos en el madrileño Teatro Circo Price se convirtieron en dos noches de magia y rock and roll, con un público entregado que acudió masivamente a una nueva cita con Pereza. Los chicos estaban en casa.



“¿Qué es rock and roll…?”, preguntaban los Pereza de antaño en el tema “Mánager”, uno de sus clásicos. Tras cinco discos de estudio y muchas horas de carretera, los madrileños siguen dando sobradas muestras de saber lo que se traen entre manos. Ahí está la clave de su éxito. Ellos son rock and roll. Y no dejan lugar a dudas con su directo. Porque vender miles de copias, funcionar en la radio y desatar el furor entre las jovencitas, es perfectamente compatible con la calidad de un sello propio y el reconocimiento de sus maestros.

Madrid siempre es especial para Pereza. Y eso se notaba en un teatro abarrotado de entusiastas. Un público heterogéneo que reunía a todas las generaciones del rock. Allí estaban nostálgicos de Burning, fieles de Quique González y nuevas remesas de universitarios más cercanos a grupos como Sidecars o Sidonie.

El ambiente estaba caldeado. Pero los teloneros hicieron lo suyo para caldearlo aún más. En ambos conciertos, los chicos de 84 fueron encargados de romper el hielo. El trío madrileño gozaba de dos oportunidades de excepción en su Madrid natal. Y supieron aprovecharlas. De hecho, Leiva mostraría más tarde su agradecimiento, pidiendo un fuerte aplauso “para un grupo que se está partiendo la cara en la carretera”.

CANALLAS E INTIMISTAS


Un mes después del lleno absoluto en los Teatros Canal, Pereza volvía a casa. Y lo hacía con estilo, “like Rolling Stones”. Un público que en su mayoría ha ido creciendo con ellos, coreaba al unísono todos y cada uno de los temas. Rubén y Leiva se miraban con complicidad. Volvían a sentir el vértigo del triunfo. Lo habían conseguido una vez más.

La actitud rockera y las poses de Keith Richards no ocultaban la emoción contenida de dos chicos que hace pocos años salían a comerse el mundo en la madrileña sala Siroco. El público aclamaba a dos chicos de barrio. Y los Pereza les correspondían con lo que mejor saben hacer: rock and roll. Fue un amplio repertorio de más de veinte canciones. Desde sus clásicos más canallas hasta los medios tiempos de tintes country, inspirados en el estilo de Travelling Wilburys. Los momentos de mayor emoción llegaron con el intimismo de “La chica de Tirso”, el desgarro compartido de “Llévame al baile” y el silencio ante una voz brillante en “Pienso en aquella tarde”.

Los Pereza estaban en casa, con sus amigos. Allí estaban los futbolistas Guti y Granero, dos adictos a la buena música. Y sobre todo músicos, muchos músicos, como Xoel (Deluxe), su padrino Jonnhy Cifuentes, varios componentes de las mejores bandas del momento, innumerables rostros conocidos de la pequeña pantalla y el director Achero Mañas, quien ya cuenta con Leiva para su próximo proyecto. No obstante, Rubén y Leiva se acordaron de los “grandes”, con guiños en forma de versiones. El Price bailó a ritmo de “Stand by me”, “Pretty Woman” y “We can work it out”. Ésta última, previa al inicio de “Beatles”, tema en el que, una vez más, los madrileños se acordaron del grupo de Liverpool. Especial homenaje fue el que Leiva le rindió a Paul McCartney. “Siempre hablamos más de Harrison y Lennon. Pero, viendo un dvd en la furgoneta de uno de sus conciertos más recientes, hemos llegado a una conclusión. Y es que todos los que no seamos Paul McCartney, somos una mierda de músicos”.


Agradecidos, se despidieron del Circo Price, parafraseando a El Boss. “Lo más importante al acabar un concierto es que el público piense que la entrada ha sido impagable”, afirmó Leiva. El gran Springsteen tenía razón. Sin duda, dos noches de rock and roll no tienen precio.

Los mejores vídeos del concierto, aquí: http://musica.terra.es/articulo/videos-pereza-84-conciertos-movistar-6821.htm







jueves 26 de noviembre de 2009

Los Peces presentan su segundo single: "Déjame vivir"

Varios meses después de la publicación de su segundo trabajo de estudio, "Ocho brazos para abrazarte", el grupo zaragozano compuesto por Clara Téllez y Santi Comet, presenta su segundo single. Un viaje del rock canalla al pop sin artificios es el que ha sufrido "Déjame vivir". El tema, compuesto originalmente por Rubén Pozo, presenta claras reminiscencias de los primeros Pereza. En especial, a los primeros discos, "Pereza" y "Algo para cantar", donde la presencia del madrileño en la composición aún era mucho mayor que la de su compañero Leiva. El de la Alameda de Osuna escribió la canción hace ya varios años. Es por ello que se encuentran tantas similitudes con temas como "Perdona mona" o "Serás aún la misma", cuando el grupo madrileño aún era desconocido para el gran público. Años después, han sido Los Peces quienes han rescatado la canción de Rubén de entre tantas otras abocadas al olvido.

El videoclip deja constancia de la sencillez que caracteriza al dúo. Un trabajo limpio, adecuado al presupuesto de un grupo al que le está costando mucho trabajo tomar el impulso definitivo. De aires setenteros, presenta una estética similar al trabajo de Boa Mixtura, creativos de "Muy Bien" (Sidecars).

Un trabajo depurado, elegante. Una adaptación que, según Rubén "mejora con creces la original", recoge la chulería del rock de Burning y la tiñe de armonías más propias de la música ligera. Bajo la producción de Álex Olmedo (La naranja china) y la colabración de Manolo Mejías (bajista de Pereza) y Rubén Pozo a la guitarra, Los Peces consiguen llevarse el tema a su terreno, el pop bien hecho, sin complicaciones.

lunes 23 de noviembre de 2009

La leyenda del tiempo.

Texto: Pablo Morante

Camarón sacó el flamenco de los “ghettos” y lo convirtió en un espectáculo de masas. Pero el fenómeno duró lo que dura un grito hasta que se extingue.

El reportaje de tve sobre “la leyenda del tiempo”, de Camarón, ha puesto de relieve las dificultades del flamenco para salir de sus orígenes. Cuando se editó el disco, en 1979, los gitanos lo devolvían diciendo que allí no estaba su dios. “No me entienden”, decía Camarón. Acababa de hacer acto de presencia la batería, el bajo, los timbales, la guitarra eléctrica… Y el jazz se fundía con el rock. Y ambos a su vez con la bulería. Eran tiempos de leyenda.

Camarón estaba sacando el flamenco de sus “ghettos” tradicionales. Y lo hacía con otros músicos revolucionarios, como Raimundo Amador, Kiko Veneno, Manuel Molina, Paco de Lucía, Tomatito… Sólo Camarón podía hacerlo. Y sólo lo hizo Camarón, doblando la resistencia de todo el universo flamenco. Pero el fenómeno duró lo que dura un grito hasta que se extingue. La muerte de Camarón puso fin a la creatividad en el mundo del flamenco. Y nuevamente volvió a donde solía, a los estrechos márgenes de la música étnica.

CUANDO LA BOCA SABE A SANGRE

El sino del flamenco ha sido siempre la marginalidad. Ya desde sus orígenes, en la baja Andalucía, gitanos y moriscos compartían el grito de los perseguidos en la clave propicia para fusionar sus tribulaciones. Eran las raíces de la “toná” del “martinete” y la “siguiriya”, cantes dolientes para ser expresados en la intimidad de una taberna o en la noche extenuada de una gañanía. Eran gritos de perdedores, lamentos de presidiarios, suspiros fatalistas, donde la iniquidad de la justicia sólo era comparable a la perversidad de la mujer amada.

Así era el flamenco, un grito de dolor que atravesaba los corrales para expresar la resignación de los pobres antes que para lanzar la rabia de los resistentes. Y así fue hasta que el siglo diecinueve elevó el flamenco a la categoría de espectáculo en los cafés teatro de Sevilla y de Madrid. En ese escenario, la épica de las persecuciones bajaba el tono de la credibilidad para tomar el curso de la ficción. Los intérpretes ejecutaban el cante con una pulcritud impropia de las fuentes donde bebieron. Y los espectadores daban por auténtico lo que no era más que un simulacro. El artificio del teatro había convertido el flamenco en una moneda de curso legal.

Pero ni siquiera con los cafés teatro abandonó el flamenco su componente de marginalidad. Los campos de Jerez y de Lebrija y de Utrera seguían dando testimonio de una realidad social que los gitanos desgranaban cada noche en las gañanías de los cortijos. Y los patios de vecindad seguían dando la medida de una expresión étnica difícilmente convertible en un espectáculo de masas. Una cantaora de Jerez, “La Piriñaca”, confesaba que para cantar bien le tenía que saber la boca a sangre.

A mediados del siglo veinte inició el flamenco una vergonzante complicidad con la copla. Los cafés teatro fueron sustituidos por “tablaos” para nuevos ricos, donde la “soleá” compartía tablas con la rumba más cutre. Y los espectáculos de varietés incluían a los flamencos como un exotismo engarzado con la España de la pandereta. En ese clima nació José Monge, Camarón de la Isla. Y en ese mismo ambiente de tablaos y varietés transcurrió el primer tercio de su carrera profesional. “No me entienden”, decía Camarón a Juanito Valderrama.

PUREZA Y ALGO MÁS

El arte de Camarón sólo podía entenderse desde las raíces más telúricas del flamenco. A Camarón le sabía también la boca a sangre con la “siguiriya”. Y le explotaba en las manos un barreno cada vez que cantaba el “taranto” de las minas. Y sentía el aliento de sus perseguidores cuando pedía un “buchito” de vino blanco en una venta del camino. Todo en Camarón era un trasunto de los viejos flamencos, de Juan Talega, de la Perla de Cádiz, de El Chaqueta, de Merced la Serneta… Todo en Camarón era un reflejo del flamenco clandestino, del grito dolorido, de la emoción expresada en clave racial. Pero el quejido de los gitanos adquiría por primera vez con Camarón el sentimiento de la rabia. La desgracia tenía una causa. Y la injusticia no era fruto de la fatalidad.

A Camarón lo entendieron los intelectuales. Y se lo apropiaron quienes fundían sus emociones en el blues, el jazz y el rock. Porque Camarón era exactamente eso, música de todos los confines de la tierra. Camarón era rock and roll cuando la leyenda se abrió paso en míticos conciertos donde se daban cita los universitarios y los gitanos y los prototipos de todas las vanguardias. Camarón era una filarmónica cuando reivindicaba su condición de “gitano, que viene a tu casamiento a romperse la camisa”. Y era la voz de la luna cuando entonaba la letra de un guapango en medio de una bulería premonitoria de su deseo de morir cantando, como mueren las cigarras. Cuentan que los Rolling Stones invitaron a Camarón para que les cantara en una fiesta privada. Pero Camarón rehusó, con las mismas palabras que fueron una constante a lo largo de su vida.. “No me van a entender”, dijo.

Camarón llevó el flamenco a las masas como nadie lo había hecho a lo largo de la historia. Y se llevó a la tumba la seducción de unos ojos cerrados mientras suena en el aire una guitarra. El concierto no es un espacio propicio para el flamenco. Pero Camarón lo llenó de magia con su mirada frágil y su voz encantada. Por Camarón peregrinan hoy los japoneses hacia las raíces del cante. Los gitanos buscan a su dios. Y los músicos de todos los géneros van dejando letras como perlas en la memoria de un tipo irrepetible.

El flamenco ha vuelto a la marginalidad. Pero ya no está en los patios, ni en las gañanías, ni siquiera en los cuartos de cabales. Ahora hay que buscarlo en los eventos veraniegos del sur, en las semanas monográficas de una gran ciudad, o en el artificio de algún espacio televisivo para corazones nostálgicos. Los intelectuales le han dado la espalda. Los jóvenes lo desconocen. Y las compañías discográficas sólo parecen dispuestas a enlatar la voz de los flamencos cuando derivan comercialmente hacia la copla.

Camarón abrió un camino que otros no han sabido seguir. El flamenco se muere. Y la leyenda no es capaz de dar vida a la única criatura que podría resucitarlo.



miércoles 18 de noviembre de 2009

Extraños en la fiesta.

Texto: Galia Bóveda.

La revista Rolling Stone citó a artistas de muy diversa índole para la entrega de premios como conmemoración de su décimo aniversario. Está en su derecho. Pero la mejor publicación musical del país debería cuidar la imagen que traslada a sus lectores. Conviene recordar que Rolling Stone no es la revista de “los 40”. Y es que por la alfombra roja del madrileño Hard Rock Café, a la vista de todos, desfilaron tanto grandes figuras del rock como vulgares productos de la radio fórmula.

Teniendo en cuenta el prestigio y el poder de convocatoria del que goza la mítica revista, resulta difícil de entender que, para un evento de estas características, las invitaciones estuvieran a nombre de determinados personajes. Por un lado, Melendi posaba para los fotógrafos pocos minutos antes de que Miguel Ríos dijese a la prensa “Amo el rock’n’roll”. Y por otro, la ministra de cultura, Ángeles González-Sinde, compartía protagonismo con el actor porno Nacho Vidal y otros personajes de difícil ubicación en el mundo del arte, como Marta Torné, Lorena Verdún o Sergi Arola.

El aniversario reunió a todas las generaciones del rock, representadas por Miguel Ríos, Loquillo, Coque Malla y Pereza. No obstante, el selecto ambiente se vio enrarecido por cantantes que tendrían mejor cabida en la fiesta de Los 40 principales. Marta Sánchez, acompañada por el productor Carlos Jean, se deshizo ante las cámaras, derrochando poses y carantoñas propias de una adolescente. Un Melendi totalmente fuera de lugar, un Macaco que reivindicaba su trayectoria y un omnipresente Alejandro Sanz, que tan sólo se muestra simpático y accesible cuando está de promoción, completaban la lista de invitados para la gran fiesta del rock’n’roll. Leonor Watling, musa por excelencia de la revista, Manolo García, premiado por el mejor álbum de la historia, y Miguel Bosé fueron otros de los asistentes a la gala.

Buenas noches, nietos del rock’n’roll”, dijo Miguel Ríos al inicio de sus palabras de agradecimiento. Los nietos eran tres, Loquillo, Coque y Pereza. Demasiada ostentación para tan poca descendencia.


viernes 13 de noviembre de 2009

Luces de bohemia.


Texto: Pablo Morante

Joaquín Sabina quiere hacernos creer que su nuevo disco es fruto de una extravagancia. Y para sostenerlo se ha montado una película, es decir, un libro. El autor del libro es Benjamín Prado. Y la película viene a ser el viaje a Praga de dos poetas, abandonados por las musas, que buscan inspiración en las aguas del río Moldava. Ambos padecen una crisis relacionada con el amor. Joaquín se queja de dicha. Y Benjamín lo hace de desdicha. Nada como Praga para encender las luces de bohemia.

Pero el álbum “vinagre y rosas” no es fruto de una extravagancia, ni de una catarsis, ni de un golpe de emoción en la ciudad de las cien cúpulas. Es el resultado del talento. Y de la sensibilidad y del oficio y del cinismo haciendo volutas sobre trece soberbios poemas. Ante todo, es la obra de un artesano que todavía mantiene el gusto por el trabajo bien hecho.

Sabina canta para conmover, para seducir, para jugar. Y su música sale al encuentro de cualquier etapa de nuestra vida, de cualquier lugar de nuestro paso, de cualquier resquicio de nuestra memoria. El disco es un alarde de juego y de artificio. Todo puede ser verdad y a la vez todo puede ser mentira. En cada poema manda la consonante. Y la burla se cuela de rondón sin saber cómo ni por dónde. “No mires atrás, que ya no estoy”, dice Sabina, a coro con Serrat y dos jóvenes rockeros (PEREZA) que aportan un soplo añadido de aire fresco.

Sabina no da una puntada al aire en su nuevo disco. Y se ocupa de que cada emoción tenga su trato. La rumba, el blues, el tango, la ranchera, el rock… “Si algo se puede cantar así, es que funciona”, dice. En el recorrido por los trece temas del álbum no es extraño tropezarse con Chavela Vargas, con Peret, con Joan Manuel Serrat, con Roberta Flack, con Keith Richards… No hay afán de enseñar nada nuevo. Pero sí de vestir cada imagen con un traje a la medida. La riqueza está en la diversidad. Y Sabina no tiene el menor empacho en espolvorearla sin perder un gramo de identidad.

“Crisis en el ego… ¡todos al talego!”. Es Sabina versificando. Es Sabina metiendo y sacando palabras de la manga, tramposo en las consonantes, cínico en los sentimientos y burlón en las medias verdades. Es Sabina, rimando para sorprender, cantando para encantar, doliéndose para confundir.

Próximamente, “Vinagre y rosas”. Se recomienda abstenerse a quienes no anden sobrados de buen gusto.



Escucha un fragmento de las canciones aquí: http://www.elpais.com/especial/sabina/
Vídeo completo de la entrevista de "En noches como esta":http://www.rtve.es/alacarta/#627750

miércoles 11 de noviembre de 2009

El dueto, el uso y el abuso.


Texto: Pablo Morante


La ópera del siglo diecinueve cambió el aria por el dueto. La fórmula era un dos por uno. En lugar de fajarse el tenor o la soprano consigo mismo, en la soledad de la escena, se superponían las voces de ambos para crear un nuevo género musical muy del agrado del público. Se buscaba el efectismo, el contraste, la espectacularidad. Y se sacrificaba el carácter, el encanto, la sobriedad.

Algo de eso está ocurriendo ahora. El dueto ha pasado de ser la excepción para convertirse en la regla. Ya no se utiliza como un escape expansionista de los cantantes para explorar nuevos estilos, ni como un guiño de complicidad entre dos aficiones para compartir la misma joya. Ahora se utiliza como un lanzamiento comercial para sumar adeptos. Las discográficas los crían, ellos se juntan y las fórmulas radiofónicas se encargan de que la reproducción sea altamente rentable. Una vez agotados, la muerte llega por sí sola.

Sin duda, Alejandro Sanz es el rey del dueto. En los dos últimos años ha lanzado tres ofertas millonarias que nadie ha sido capaz de rechazar. Una primera, con Shakira, para reventar el mercado latino. Una segunda, con Antonio Carmona, para afianzar el mercado español. Y ahora una tercera, con Alicia Keys, por si cae algo en el mercado anglosajón. ¿Alguien da más?.

Sigamos. El venezolano Carlos Baute ha repartido dinero a manos llenas con la fórmula mágica del dueto. Se junta a un cantante latino con una cantante española, se escoge una canción pegadiza, aunque sea meliflua, y se lanza a los cuatro vientos como si las musas acabaran de hacer acto de presencia en el panorama musical español. El resultado es espectacular. Para hacer caja, por supuesto. Miguel Bosé, Beyoncé, Julieta Venegas, David Bisbal… , prácticamente todos los artistas aclamados por las radio fórmulas están en la onda de una corriente musical a la medida de una crisis económica.

Dentro de pocos días, Estopa irrumpirá en la escena con diecisiete duetos y casi una docena de arreglos musicales. La excusa es el décimo aniversario de una carrera brillante y bien ganada. Y la oportunidad la pintan calva. Luego hay intentos fallidos, claro. Pero no por ello dejan de ser arremetidas que apestan al nuevo mercantilismo musical. Ahí está Melendi con Pignoise, Coti con Nena Daconte, La Quinta Estación con Marc Anthony…

Los Grammy Latinos de 2007 lanzaron el primer aviso, con decenas de duetos entre los nominados a las 49 categorías del premio. Y lo que ha seguido después no es más que la consecuencia de una estrategia minuciosamente planificada. A mandar, que para eso estamos.

lunes 9 de noviembre de 2009

Las motos no rugen en acústico.

Texto: Galia Bóveda.

La despedida de la temporada de motociclismo, coincidiendo con el Gran Premio de Cheste, citó en Valencia la noche del sábado a varios artistas del pop-rock español para un concierto televisado en directo por La2 de Televisión Española. El cartel, como poco sorprendente, reunía a grupos como Amaral, Danza Invisible, La Cabra Mecánica, 84, y, sin explicación aparente, Melendi. Una mezcla heterogénea, un cóctel de experiencia y madurez sobre el escenario, de ilusión y de ganas de comerse el mundo y de desbordante vulgaridad a ritmo de pseudo rumba.


Amaral fueron los encargados de abrir el show en la plaza de toros valenciana. Los asistentes coreaban sin excesivo entusiasmo los temas que suenan reiteradamente en las principales emisoras de radio. No obstante, es un hecho que se confirma en cada directo del dúo. La calidad de los aragoneses es preocupantemente decreciente. Y es que su trayectoria musical no sigue la evolución lógica y recomendable, sino que va de más a menos. Su mejor disco es y será el tercer álbum que salió al mercado, “Estrella de Mar”, siendo los mejores momentos de su parte del concierto cuando arrancaron los acordes de “Moriría por vos” y “Salir corriendo”. Una actuación correcta y sin complicaciones que destacó más por su monotonía que por cualquier otro aspecto.


Ante la desidia de un público que vibraba más cuando se proyectaba en grandes pantallas el rostro de Jorge Lorenzo que cuando se anunciaba el nombre de los músicos, llegó el turno de 84. Los componentes del trío madrileño salieron a escena, conscientes de ser principiantes en tocar ante miles de personas. Aunque su periodo de adaptación no puede durar mucho, ya que la próxima semana empezarán una pequeña gira teloneando a Pereza. Comenzaron encogidos, asustados. Nada que ver con sus shows en pequeños garitos. La presión del directo en televisión sumada al temor a escuchar los silencios de una plaza donde pocas eran las personas que los conocían, hizo que los chicos se escondieran detrás de sus acústicas durante las primeras canciones. Además, la organización obligó al grupo a presentar un concierto acústico más propio de la intimidad de una pequeña sala que de una plaza de toros abarrotada. Semejante ahorro es inadmisible para un concierto retransmitido por televisión, con un presupuesto de envergadura y que pretende alcanzar cierto prestigio. No es aceptable que la disposición de un evento empuje a un grupo emergente hacia el precipicio. Y es que, a pesar de que el ánimo de los 84 fue aumentando exponencialmente a medida que pasaron los minutos, derrochando entusiasmo en temas como "Esquinas de Madrid" o "Tribunal", unos chicos desconocidos para el público general no pueden levantar a miles de asistentes, casi inertes, a base de melodías, sentados en un taburete.


Sin recompensa alguna, los jóvenes de 84 dejaron paso al artista más esperado de la noche. O eso es lo que demostró el público al animarse con la llegada de Melendi. El peor cantante del cartel disfrutó de todos los privilegios. Desde un mayor espacio en la hora puntera del prime time, hasta una calurosa acogida por parte de los valencianos. Su parte del concierto constituyó un espectáculo bochornoso no merecedor de tal oportunidad publicitaria en televisión. Un Melendi fuera de forma, que se escondía en unos coros subidos de tono para ocultar una voz que dista mucho de ser la exigida para tener éxito en la música, deleitó al público con “grandes éxitos” de su repertorio. Bastante poco criterio demostraron los asistentes al rendirse a los pies del asturiano, haciendo caso omiso a la actuación acústica de Danza Invisible y dejando los minutos basura del evento para el gran Lichis de La Cabra Mecánica.


Cada vez existen menos espacios dedicados a la música en la pequeña pantalla. Desde la retirada de la parrilla de La2 del magnífico programa, “No disparen al pianista”, no ha aparecido otra propuesta que apueste por la música de calidad en vivo. Es deplorable que lo más parecido a un concierto acústico se ofrezca a altas horas de la madrugada en Buenafuente. Los grupos necesitan de este tipo de plataformas para llegar a más público. Ahora bien, después de ver el fervor de los valencianos con Melendi, es de explicar que las cadenas de televisión sólo ofrezcan lo que es objeto de consumo, independientemente de lo vulgar que sea esta demanda.


El anunciado como gran concierto de MotoGP de Valencia resultó ser un fraude. Y es que las motos no rugen en acústico y, mucho menos, a ritmo de “rumbita asturiana”.




Para los que no pudieron asistir, Radio 3, de Radio Nacional, les ofrecerá otra oportunidad el sábado 28 de noviembre, en un especial que resumirá, de 12:00 a 14:00,este espectáculo.

El concierto completo puede verse en los siguientes enlaces:

http://www.rtve.es/alacarta#624141
http://www.rtve.es/alacarta#624142

jueves 5 de noviembre de 2009

El karaoke del Sáhara.


Texto: Pablo Morante.

Las acciones humanitarias de los artistas son siempre una apuesta segura. Tanto más segura cuanto más alcanzable sea el objetivo y más imaginación se ponga en ello. Este es el caso de la iniciativa X1FIN: JUNTOS POR EL SÁHARA, donde cantantes y actores se emparejan para versionar canciones de terceros. La idea es del entusiasta Carlos López, presidente de Sony Music España. Y el fin no puede ser más encomiable: comprar camellas para la alimentación de los niños saharauis, evitando así los problemas sanitarios que provoca la leche en polvo al disolverse con el agua contaminada del desierto.

El vehículo comercial es un disco que saldrá al mercado el próximo 17 de noviembre. Y la puesta en escena es un concierto que tendrá lugar el día anterior en el Teatro Circo Price de Madrid. Ambos episodios pueden parecer lo mismo, pero no así los previsibles resultados.

A través del “making off” hemos podido ver a las parejas en plena faena. En este caso son los cantantes quienes aleccionan a los actores y a las actrices, Pau Donés a Laura Pamplona, Leiva a Michelle Jenner, Pedro Guerra a Silvia Abascal, Estopa a Santi Millán, Dani Martín a Alex González…; y así sucesivamente, hasta completar una lista de dieciséis duetos. El anticipo del disco nos está mostrando el esfuerzo de unos y otros para obtener un resultado digno. Y seguramente el producto final acabará siéndolo, por más que chirríen los goznes en algunas canciones o se disparen las alarmas ante determinadas osadías.

El fin humanitario y la creatividad artística se merecen la mejor respuesta del público a la hora de comprar el disco. Pero el directo en el Circo Price es harina de otro costal. Allí no se puede repetir. Y este pequeño detalle puede convertir un acto solemne en un karaoke de voces desafinadas. Conviene tener en cuenta que algunas parejas han apostado más alto de lo que la prudencia señala y el buen juicio aconseja. Es el caso de Juanjo Ballesta y Poncho K ante el tema “la leyenda del tiempo”, de Camarón. Es el caso de Conchita y Edu Soto, cantando “como yo te amo”, de Raphael y Rocío Jurado. Es el caso de Inma Cuesta con Manuel Carrasco, interpretando “contigo”, de Joaquín Sabina. Y no se acaba aquí la cuenta.

A cualquiera le encantaría dirigir la filarmónica de Berlín en la novena sinfonía de Beethowen, pero siempre será más prudente hacerlo en el baño para no entrometerse en el terreno mítico de Herbert Von Karajan. Ésta y otras cautelas son las que ponen en duda la oportunidad de tocar a vísperas con un concierto por todo lo alto. El Circo Price tiene en la virtud su principal problema: la acústica. Si las voces suenan bien, el resultado puede ser apoteósico. Pero si las voces suenan mal, la escucha puede resultar patética.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Harrison sigue entre nosotros.

Ocho años después del fallecimiento de Geoge Harrison, el beatle vuelve a estar presente entre nosotros con el lanzamiento de una canción que él mismo comenzó a componer hace más de cuarenta años. Según afirma el periódico The Sun, diez líneas escritas en un trozo de papel que acabó olvidado en alguna esquina de los estudios de Abbey Road, han sido suficientes para devolver a la vida el alma del músico. Dicho pedazo de papel, que incluía en la otra cara la dirección de Brian Epstein, el mánager de los Beatles, fue recogido por el escritor Hunter Davies cuando escribía la biografía del grupo a finales de los sesenta. Desde entonces, esas frases que comenzaban la canción han sobrevivido al tiempo, llegando a convertirse en leyenda.

Tras cuarenta años de espera, sale a la luz el tema completo concluido por el compositor británico Dean Johnson. Bajo el título de “Silence (Is this Own Reply)”, se recupera la música del legendario guitarrista. Mucho se especula sobre el origen del tema. Los seguidores de la banda, descartan la temática amorosa y apuestan por la difícil relación que mantenían Lennon y Harrison.

El último suspiro del beatle se puede escuchar en el siguiente enlace: www.deanjohnsonmusic.co.uk

martes 3 de noviembre de 2009

Pasarela de lujo para Sidecars y Miss Caffeína.


Texto y Fotos: Pablo Morante.

Los teatros del Canal siguen en su línea de cuadrar el círculo. Lo consiguieron la pasada semana con PEREZA, pero la cosa cambia con otras bandas de rock. Y cambia no sólo por el hecho de ser un formato chocante, sino porque el precio de la entrada establece una dificultad añadida. Veinte euros son muchos euros para un público joven que acostumbra a ver gratis a las bandas emergentes. Cualquier seguidor de SIDECARS o de MISS CAFFEÍNA sabe que en menos de un mes puede asistir a un concierto de estas bandas sin rascarse el bolsillo. Y eso se propaga como los virus.

No es de extrañar, en consecuencia, que el concierto del pasado 31 de octubre tuviera media entrada. Eso es lo de menos para unos músicos que están construyendo su futuro a pico y pala, haciendo carretera a fondo perdido y captando seguidores por goteo. Es el precio de la verdad, la cara vista que deben ofrecer las auténticas bandas de rock para ser creíbles.

Pero el mensaje es el medio. Y el hecho de estar en la programación de los teatros del Canal no deja lugar a dudas sobre el posicionamiento de estas dos bandas en el panorama musical español. Lo que no cuadra es la convocatoria de dos estilos muy diferentes en un mismo acto musical. Porque si de calidad se trata, las dos bandas la tienen. Pero si de rock and roll se trata, la diferencia salta a la vista. El grupo SIDECARS es rock en estado puro. Y el grupo MISS CAFFEINA es pop sin demasiadas etiquetas. Y eso se puso de relieve en el concierto, durante el turno de MISS CAFFEINA, con los pasillos repletos de rockeros que habían abandonado la sala a la tercera canción.

El concierto arrancó con MISS CAFFEINA, un grupo emergente, con un nombre llamativo, un estilo muy personal y una imagen de “chicos buenos” que predispone al amor a primera vista. Aunque aseguraron encontrarse “raros” en un teatro, “sin ver las gotas de sudor a un par de metros”, lo cierto es que las canciones del grupo parecían perfectamente encajadas en el formato teatral. Nadie coreaba, nadie se levantaba y todo el mundo aplaudía cuando tenía que aplaudir. Tuvo que ser el vocalista quien pidiera un poco de informalidad. A partir de ahí se rompió la compostura y cundió el jolgorio en una parte del público. Si uno consigue estar atento hasta el final, la conclusión es que MISS CAFFEINA tiene mimbres para convertirse en un grupo puntero del pop, con canciones muy melódicas para escuchar y no complicarse la vida.

Otra cosa es SIDECARS. Esto es rock and roll, señoras y señores. Cuando el grupo saltó al escenario se vaciaron los pasillos y se levantaron los asientos y se desgañitaron las gargantas. Acababa de aparecer el magnetismo. Y el teatro se convirtió en un garito más, a despecho de acomodadores y policías y guardias de seguridad que velaban por la extrema pulcritud del recinto. ¿Entradas numeradas?. Que se sepa, nadie acabó el concierto en el asiento donde lo empezó.


Y es que SIDECARS proyecta un rock clásico que nace en los Stones y termina en Burning, un rock provocativo, canalla, con permanentes invitaciones a la rebeldía. “Fui a un concierto de PORRETAS y allí estaban tocando los SIDECARS…”, dice Ángel, un tipo de unos cuarenta años, fuerte como un oso. “Desde entonces los sigo a muerte. ¡Son un puto crack…!”, grita, volviéndose enérgicamente hacia el público desde el borde del escenario. “¡Un puto crack…!”, repite, cargado de razón.


El teatro está llegando al clímax. Los jóvenes de SIDECARS se crecen por momentos. Y de repente saltan del escenario el vocalista y el guitarra, libres de cualquier ramal electrónico que les ate a un enchufe. Juancho y Manu recorren las butacas, provocan al público y crean el desconcierto entre los funcionarios del teatro. Sus guitarras llevan sonido inalámbrico. Y suenan a rock and roll con el sudor a un palmo de la gente.

Al final del concierto, los chicos de SIDECARS agradecían no haber llenado el teatro. “Es mejor así. Nos habríamos acojonado si no vemos calvas en el patio de butacas…”., dice Manu. No está mal como ejercicio de humildad. Pero todo parece indicar que ha comenzado la cuenta atrás para su primer “sold out”. Y si no, al tiempo.